El nombre de Tarantino y Brad Pitt en los títulos de crédito auguran
a este proyecto una carrera comercial monstruosamente atractiva, a pesar de que
seguramente cierto sector de la crítica “seria” –o anquilosada
si lo prefieren- se va a dar el tremendo gustazo de machacarla.
Lo mismo pasará con una buena parte de aquel publico ignorante que espere
un recital de acción descerebrada. Yo ya lo aviso de antemano:
los que esperen SÓLO eso pueden ir circulando sino quieren terminar con
el mismo gesto facial de Hitler en cierto momento de la película -¿WTF?-
, aquí no se les ha perdido nada, os lo aseguro.

En “Inglorious Basterds” Tarantino sigue esputando sus
cinematográficas influencias adolescentes para presentarnos
una adaptación totalmente libre del clasicazo italiano “Quel maledetto
treno blindato” –titulada en algunos países precisamente
con el título “Malditos Bastardos”-, una película
la italiana que a su vez se inspiraba en la obra maestra “Los 12 del Patíbulo”
de Robert Aldrich. Pero que nadie se lleve a engaño, el proyecto de Q.T.
poco tiene que ver con ninguna de las dos obras citadas y de ningún
modo podemos estar hablando de un remake. El cine de Tarantino tiene una personalidad
propia, recargada de influencias pop y de las experiencias cinematográficas
obtenidas en base a una ingesta desmedida de cine-trash durante su juventud.
Lo que vemos en la historia y desarrollo de “Inglorious Basters”
sigue, una vez más, esa tradición cinéfila. Esto no es
una historia desde un punto realista sobre la guerra –no... definitivamente
no es “Private Ryan Strikes Back”-, tampoco es una carnicería
sin respiro contra un ejercito de nazis que merezcan ser descuartizados –a
pesar de que la inclusión de Roth en el proyecto pudiera hacérnoslo
pensar-, ni siquiera es –por supuesto- la revisión Tarantiniana
de la reciente –y definitivamente mucho más seria- “Operación
Valquiria”... “Inglorious Basters” es una deliciosa
pelicula de género cargada de referencias populares y con una enorme
cantidad de elegantes e irónicos instantes de reflexión amoral.

Así es como la película -la primera de Q.T. rodada íntegramente
fuera de su país natal- nos presenta una particularísima “Band
of Brothers” con mucho descarado y mala leche incontenible, en una historia
que bebe directamente de títulos como los ya citados anteriormente o
de los mejores –y peores- spaghetti western sesenteros –de influencia
eternamente inevitable en todos y cada uno de los proyectos del cineasta- con
un hilarante homenaje al gran Sergio Leone en el mismo “opening”
inicial, en el que el director declara sus intenciones desde el principio
y donde no falta ni un score claramente influenciado por la obra del mítico
compositor del género, Ennio Morricone.
Y es que si por algo destaca la película es precisamente en apostar
por un guión –cuyos primeros bocetos fueron escritos hace nada
más y nada menos que una década- donde el dialogo tiene
tanto o más poder hipnótico como las propias –y algo escasas-
escenas de acción. Aquí volvemos a reencontrarnos con el Tarantino
más viperino, él mismo disfrutando siempre con sus maquiavelistas
líneas de dialogo que muestran al espectador mucho más de lo que
la propia escenografía podría representar con imágenes,
todo dispuesto para reventar –metafóricamente- las mentalidades
de los espectadores más recalcitrantes como si fuera el resultado
de la onda expansiva de un “etereo” misil V1. “Inglorious
Basters” se autodivide en cinco episodios claramente diferenciados por
el cineasta y, como no podía ser de otro modo, estos son titulados al
más puro estilo pulp. Durante el transcurso de estos, el espectador será
llevado desde el París ocupado hasta un preepílogo socarrón
que pone en evidencia al ya tan decadente como ridículamente demente
dictador Germano, el mismísimo Hitler.

Pitt disfruta como un autentico “basterdo” en su papel,
el de un caricaturizado Teniente Aldo Raine –que en Alemán significa
algo así como “noble e inspirado”- alias “Aldo
el Apache”, un patriota ennoblecido con serios problemas de vocalización
-¿ Mickey O'Neil+Major Reisman=Aldo?-. El susodicho recibe el encargo
de enrolar y entrenar a toda la banda que conforma su curioso y sádico
pelotón, todo ello con el único y meritorio fin de causar el terror
y la desesperación en el interior de las lineas enemigas, siguiendo los
planes de la llamada “Operación Kino”; Kino en Alemán
significa “cine”, “espectáculo”, en un
rebuscadísimo juego de palabras que sólo el espectador entenderá.
El propio cineasta admitió que su película es todo un homenaje
al cine, tan poderoso aquí como para derrotar los cimientos
de todo el III Reich. Simplemente majestuoso.

El reparto está compuesto por una variedad de personajes de distinta
calaña; desde el enfermizo y elegante personaje de Fassbender –un
incisivo crítico de cine convertido en oficial por culpa de la guerra-
hasta la seductoramente fria y distante Mélanie Laurent, pasando por
la elegancia de Diane Kruger -esplendida en su representación como el
eslabón que une de toda la operación-, Mike Myers en una parodia
de un General muy “british” y cuyo nombre -Ed Fenech- es un homenaje
a Edwige Fenech -una de las musas del trash italiano recuperada del ostracismo
por Roth y Tarantino en la saga Hostel- y llegando finalmente hasta el cazador
de judíos que interpreta el atipico Christoph Waltz –toda una estrella
de televisión en su país, a pesar de ser un actor ¿casi?
inédito en la gran pantalla-, aquí convertido en todo
un oficial de las SS que lleva sobre su espalda la laboriosa responsabilidad
de convertirse en el verdadero leitmotiv de todo, un verdadero “ladrón
de escenas”, el autentico e indiscutible bastardo de la función
siempre al servicio de su fanático partido.

Una de las cosas que tenía Tarantino en mente era evitar a toda costa
que en su fantástica e imposible visión de la ocupación
europea del III Reich “los Nazis de SU película” hablasen
en inglés. Quería no sólo trasladar cierta fidelidad narrativa
–curioso y contradictorio a la vez, teniendo en cuenta lo irreal que es
todo lo que rodea a su propuesta- sino también evitar a toda costa que
ensuciasen el idioma con su jerga fascista, por esa razón todos
los personajes de “Inglorious Basters” hablan en su idioma original,
siendo esta una característica imprescindible en la personalidad de los
implicados. Apostaría un centavo a que cuando se estrene aquí,
tras el costoso trabajo que supone el proceso de doblaje, será poco más
que una anécdota inédita para la mayoría de los espectadores
de nuestros cines.
Mención especial al sobresaliente y mastodóntico trabajo
de producción, apartado que si cumple con todos los cánones del
género bélico más épico, siendo este el
único detalle que sigue agarrando al espectador entre lo fantástico
de una historia idílica y la terrible realidad de un conflicto bélico
casi apocalíptico. Como dice uno de los personajes de “Inglorious
Basterds”: “I think this might just be my masterpiece”. Sin
más.


