Tsai Ming-Liang se lanza al vació –de la mano de los inevitables
Lee Kang-Sheng y Lu Yi-Ching, sus “musos/as” particulares- para
representar su versión particular del mito de Salomé en las sugerentes
salas de un escenario fascinante, como lo son las galerías del parisino
Museo del Louvre.

“Visages” es todo un ejercicio de talento “alejacionista”,
menudo “palabro” ¿verdad?. Con esto quiero referirme
a que la representación de los caracteres es intencionadamente fría
para dar paso a una oda absoluta al cine como expresión artística.
Tsai Ming-Liang juega aquí con la inevitable contemplación pasiva
de esta particular recreación del arte, en su concepción más
distante, valiéndose para ello de larguísimos planos estáticos
bajo los cuales suenan –de forma hipnótica- las lineas de un guión
que perfectamente podrían estar extraídas de cualquier libro que
pudiera llevar por título “Las frases celebres más petulantes
de la historia”. El director Taiwanés tenia muy claro que estaba
ante una oportunidad única para marcarse todo un homenaje a la "Nouvelle
Vague"de los “cahieristas” Truffaut, Godard o Rohmer, así
pues las referencias a “Los 400 golpes” son, por ejemplo, inevitables.
Tampoco faltan aquí –ni mucho menos- las tan características
e inclasificables escenas musicales a las que el director nos tiene acostumbrados,
algunas mejores que otras –inevitable, a estas alturas ya nos conocemos
y sabemos a que atenernos cuando se trata de Ming-Liang-, ni las perennes
obsesiones particulares del director como son su figura materna, la homosexualidad
desgarrada o el consabido pánico hacia todo tipo de líquidos acuosos.

Esta es, ni más ni menos, que la treceava colaboración conjunta
entre Kang-sheng Lee y el director. En esta ocasión el actor
interpreta a un director de cine inmiscuido en una rara producción cinematográfica
inevitablemente abocada al fracaso, en la que el personaje de Yi-Ching
Lu juega un papel primordial en su alocada inspiración haciendo de...
“madre”... como no podía ser de otro modo –sólo
los seguidores de la actriz sabrán a lo que me refiero-. Los protagonistas
elegidos para representar a Salome son, ni más ni menos, que la hermosa
y polifacética Laetitia Casta –divirtiéndose de lo lindo
durante sus seductoras escenas musicales- y el eterno Jean-Pierre Léaud,
quien ya colaboró con Tsai Ming-Liang en la extrañísima
“Ni na bian ji dian” –otro de los recurrentes homenajes del
Taiwanes a la "Nouvelle Vague", titulado internacionalmente con el
nombre “What Time Is It Over There?" y que guarda numerosos puntos
de conexión con “Visages”-. También aparecen
por aquí, y sin venir muy a cuento, Jeanne Moreau y Nathalie Baye, dos
musas de esta escuela cinematográfica con unos personajes totalmente
metidos con calzador. De hecho, la mayoría de los personajes –sino
todos- deambulan por los preciosistas y recargados escenarios entre poses nihilistas
y una indulgencia demasiado concebida.

Visualmente estamos ante una colección de retratos memorables
que hará las delicias de los seguidores del director Taiwanés
–entre los que por supuesto me incluyo desde que descubrí
“Dong”, presentada en el Festival de Sitges del ’98-, un tipo
de público este ya suficientemente acostumbrado a su incesante cantidad
de peculiares rarezas, que sigue teniendo en el citado festival o en el BAFF
unos valiosos puntos de encuentro para poder seguir disfrutando de su particular
talento. Pero “Visages” es también una malisima elección
para todos aquellos espectadores que quieran iniciarse con buen pie en el interior
de la inclasificable filmografía del cineasta, siendo aún
la citada “The Hole” –“Dong”- y la éxitosa
“Good Bye, Dragon Inn” –“Bu san”- las opciones
más recomendables para tal fin.
